El capitalismo sabio de los japoneses vs Wall Street

Segun Hirotaka Takeuchi, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard las empresas japonesas practican el capitalismo sabio y no el capitalismo de Wall Street. Takeuchi indica, que las empresas japonesas no se limitan a acumular ganancias, como sucede en Wall Street y en la mayoría de economías mundiales. Sino que invierten en su comunidad.

Este profesor lleva años estudiando las políticas de innovación y desarrollo de las empresas japonesas. Así como la manera en la que estas reaccionan en momentos de crisis. Así, Hirotaka Takeuchi dice que las empresas japonesas no están focalizadas en ser más rentables y en maximizar el valor para los accionistas.

Los accionistas en Japón entienden que hay una crisis y bajan sus expectativas. Dicho de otra manera, las empresas japonesas no exigen los mismos beneficios que tenían antes de las crisis económicas. Es un hecho, que las compañías japonesas se preocupan mucho más por la comunidad, así como por sus empleados.

Lo pilares fundamentales del capitalismo sabio japones

De acuerdo a Hirotaka Takeuchi, los capitalistas japoneses se enfocan en los principios de longevidad, liderazgo y empatía. Planes a largo plazo, seguir los sueños de la cabeza visible y ponerse en el lugar del otro, son las bases de la sociedad japonesa. Esos mismos criterios son aplicados por las grandes empresas.

Ahora bien, cuando se habla de longevidad no se trata de esperanza de vida de los japoneses, la mayor del mundo junto a España. Sencillamente se trata de la longevidad empresarial. Es una realidad que en Japón se encuentran la mayoría de las empresas con mas de tres siglos de existencia.

Las Empresas japonesas más conocidas en el mundo como; Komatsu, Toshiba, Panasonic, Canon, Suzuki, o Toyota, tienen alrededor de 100 años en funcionamiento. La farmacéutica Takeda, fue fundada en 1781. También está Toraya Confectionery, que ha permanecido en las manos de la misma familia por 17 generaciones fue fundada en el siglo XVI.

El liderazgo de japón siempre sale en momentos de catástrofes. En esos momentos la respuesta de muchos líderes no se hace esperar. Es así como en 2011 cuando el tsunami asolo a Japón, los empresarios implementaron soluciones rápidas. Lo más importante fue ayudar a sus trabajadores y clientes, sin priorizar el coste que eso supondría para las compañías.

Esa premisa del liderazgo, esta también vinculada al otro pilar fundamental, la empatía. Japón es frecuentemente afectado por grandes catástrofes naturales, es por esto que la empatía es inculcada en las familias. Es fácil para los ejecutivos de las empresas, entender las dificultades por las que pasan tanto sus empleados como el resto de ciudadanos.

Japón como potencia económica mundial

Japón, es sin lugar a dudas la tercera potencia económica del mundo. Durante la Exposición Internacional de Osaka de 1970 el capitalismo japonés, mostró su rostro triunfante. Con una tasa de crecimiento anual del 5%, estaba preparado para inundar el mercado internacional con transistores y automóviles.

Es por esto que algunos líderes occidentales hicieron públicas sus preocupaciones. El presidente Richard Nixon declaró en 1971 que la competencia económica japonesa iba a ser un desafío aún mayor que el de los sucesos de Pearl Harbor. Sin embargo, los que advierten del peligro económico que representa Japón, lo hacen en términos amables y paternalistas.

Esta visión cambia en la década de los ochenta, en varias localidades de Estados Unidos, se produjeron agresiones contra ciudadanos orientales. El escritor y político Gore Vidal, solicitó una alianza entre la Unión Soviética y Estados Unidos para luchar contra la competencia japonesa.

De igual manera el senador republicano Howard Baker, se refirió a Japón durante el cuadragésimo aniversario del bombardeo sobre Hiroshima y Nagasaki. En esa oportunidad Baker dijo que con respecto a Japón había dos cosas ciertas. En primer lugar, aún estamos en guerra contra Japón. En segundo lugar, estamos perdiendo.

Por otro lado, el capitalismo japonés se caracteriza por la gran discriminación hacia la mujer japonesa. Si una mujer casada gana menos que el hombre, sus ingresos no tributan en absoluto.  Sin embargo, si lo supera, se le aplica el tipo impositivo máximo, porque se considera que ha de ser el varón quien aporte el sueldo principal al hogar.

Esta discriminación impositiva condiciona a las mujeres a no buscar un empleo a tiempo completo, orientándolas hacia los trabajos temporales. Además, las trabajadoras japonesas, son las principales víctimas de la desregulación que desde los años noventa recorre el país.

Es la razón de que el 52% de las mujeres trabajaban en algún tipo de empleo no regulado, mientras que solo el 16% de los varones se encontraban en la misma situación.

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